Bruselas a través de mi iPhone

Siempre que voy de viaje y empiezo a preparar la maleta me surge el mismo dilema… ¿¿¿Me llevo la cámara??? La respuesta en caliente suele ser un rotundo sí. Pero sinceramente, hay veces que viajar con una réflex es un auténtico incordio. Ya no sólo por cargar con el peso del equipo sino también por la de veces que me he descolgado del grupo mientras seguía peleándome con el ISO y el encuadre. Uno vuelve y se ha perdido media conversación, le llaman “pesado” por todos los frentes y le ponen carita rancia en el siguiente retrato que les haces a todos juntos.

Así que a menos que sea un viaje exclusivamente fotográfico, un rincón escandalosamente paradisíaco/pintoresco/soñado o repetición de destino, dejo la cámara en casa. Esta vez iba con mis amigos para apenas cuatro días en los que sabía que no pararíamos ni un segundo, así que me abandoné al iPhone para ir a mis anchas e inaugurar esta pequeña sección de ciudades a través de un teléfono móvil.

Foto de mi amigo David Taborda. Él sí que es de los buenos y no renuncia nunca a su Canon 6D

Este es el resumen insta-fotográfico de mi viaje a Bruselas:

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Casi sin saberlo, tuvimos la suerte de alojarnos en un Airbnb chulísimo situado una de las calles más céntricas de Bruselas; Rue Antoine Dansaert. Llena de tiendas y barecitos monos pero aún así muy tranquila, a 5 minutos andando de Santa Caterina y a unos 10 de la Grand Place. Desde nuestras ventanas veíamos el antiguo Palacio de la Bolsa bruselense con el mercadillo de navidad que había a sus pies y por las mañanas desayunábamos en el primer Le Pain Quotidien del mundo. Sin duda la calle en la que me hubiera quedado a vivir :)

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Lo malo de viajar en invierno por Europa, aparte de que la maleta de mano cunde mucho menos, es que las horas de luz escasean para hacer fotos. A las 6 de la tarde ya es completamente de noche, así que hay que dar por hecho que el álbum de recuerdos te va a quedar oscuro tirando a negro.  Por el contrario te encuentras con las ciudades ya vestidas de navidad, y el encanto de las luces y el ambiente de las fiestas es innegablemente mágico y a mi personalmente me vuelve loca.

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En la Grand Place la iluminación es a lo grande y cada media hora todos los edificios se encienden con luces LED en un espectáculo musical impresionante sobre el paso de las estaciones y la llegada de la Navidad. Síndrome de Stendhal máximo.

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Si sales por la zona del Teatro de la Monnaie de la Grand Place te encuentras con las Galerías Saint Hubert , que fueron las primeras galerías comerciales de Europa diseñadas bastante antes que las de Vittorio Emanuele II de Milán.

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Mi amiga Paloma que vive aquí y fue la anfitriona/guía perfecta del viaje, nos advirtió que no hay plan nocturno que no incluya cenar una Mitraillete, tomar un vino caliente y parar en el Delirium Tremens. El bar con mayor variedad de cervezas del mundo (unos 2.500 tipos distintos) servidas cada una de ellas en su vaso específico. Se encuentra en un callejón no muy lejos de la Grand Place y me sorprendió que justo enfrente de la puerta de entrada estuviera la Janneken Pis, la estatua que dicen es la hermana del famosísimo (¿y decepcionante?) Manneken Pis.

El estudio, galería y tienda de fotografía Baxton. Parada obligatoria en la Place de la Vieille Halle aux Blés.
Las calles de la ciudad rinden tributo constante a uno de sus belgas más célebres; Hergé, creador de Tintín.

Bruselas enamora y puedes pateártela a pie tan tranquilamente, pero tienes que dejar tiempo y fuerzas para visitar al menos Gante y Brujas. Lo bueno es que Gante está a menos de una hora en tren de Bruselas y de ahí hay apenas otros 40 minutos hasta Brujas, así que las distancias son cortas y cómodas para ir y volver en el mismo día.

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De estas dos pequeñas ciudades me enamoró absolutamente todo; el reflejo de sus edificios en los canales, la infinidad de puentes que la gente cruza abrigadísimos en sus bicicletas, el chocolate calentito que te recompone el cuerpo y te calienta las manos y un hotelito del que apunté el nombre por que me pareció el más encantador del mundo; Relais Bourgondisch Cruyce, ¿Podré dormir allí algún día? :)

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De vuelta en Bruselas siguen quedando mil cosas por hacer y ver; la Catedral de San Miguel, el simbólico y legendario Atomium, el Notre Dame du Sablon… Excusas suficientes para volver, repetir destino y llevar la cámara esta vez.

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La penúltima foto es también de David. Cruzando con Paloma, Laura y Rubén el Boulevard Anspach. Ellos fueron, en realidad, lo que más me gustó de este viaje. Compañeros de aventuras para otros 10 años.

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