6 libros para el 2016

“Ante ciertos libros, uno se pregunta: ¿quién los leerá? Y ante ciertas personas uno se pregunta: ¿qué leerán? Y al fin, libros y personas se encuentran.” – André Gide –

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Todas las fotos son mías / All pictures are mine

Love, Style, Life, de Garance Doré

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Hay épocas y horas del día en las que, en cuanto a libros, lo que me apetece es alegrarme la vista. Recrearme en el esteticismo puro y duro de páginas bonitas, limpias e inspiracionales. Para esos momentos, este libro es uno de los mejores que han caído entre mis manos. La maquetación es perfecta, las fotos e ilustraciones preciosas y el buen gusto y sentido del humor de Garance, innegables.

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Si ya admiraba el trabajo de esta fotógrafa e influencer francesa, ahora me declaro fan incondicional de su persona, al descubrir en sus páginas la historia de una mujer hecha a sí misma con mucho esfuerzo y determinación. Un ejemplo de chica del siglo XXI; resuelta, inteligente, creativa y por qué no… sexy. Porque puedes preocuparte por tu aspecto sin tener que ser una cabeza de chorlito. Porque puedes divertirte por el camino de la vida, trabajando duro hasta convertir tu pasión en trabajo.

Está escrito en un inglés fácil y coloquial que mi nivel intermediate de la lengua está entendiendo sin problemas. Y aún que todavía no lo he terminado (me gusta ir picoteando por páginas y capítulos sueltos) creo que nada de lo que no haya leído aún me pueda no gustar.

Ve y pon un centinela, de Harper Lee

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Matar a un ruiseñor es uno de esos clásicos contemporáneos que, como no había leído durante la secundaria, abordé el año pasado casi por auto imposición. Al tiempo que lo terminaba, la editorial Harper Collins anunciaba el descubrimiento y publicación de Ve y pon un centinela, una historia anterior que la autora escribió en 1957 y que había permanecido en un cajón porque a su editor le interesaron más los flashbacks de la infancia de la protagonista que la propia historia. Con semejante carta de presentación HABÍA que leer este libro, aun que el resultado no sea tan deslumbrante como el de la obra maestra que en su día ganó el Pulitzer.

Tras la traumática sorpresa de encontrar un Atticus Finch conservador y racista, se encuentra el contrapunto de una Scout madura, que vuelve a su pueblo natal ya convertida en una mujer adulta, feminista e independiente.

Este es sin duda un libro mucho más político, radical y combativo. Y la evolución de los personajes sólo puede entenderse debido a este proceso de escritura inversa de Lee. En el intento de rebajar y moderar el tono de la obra de cara al gran público, surgió probablemente Matar a un ruiseñor.

La historia del amor, de Nicole Krauss

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Cada vez que lo recomiendo tengo que derribar el muro que su empalagosísimo título levanta entre la otra persona y yo. Y es que, tras ese nombre tan cursi que tanto se presta a la malinterpretación, se encuentra, creo (soy de personalidad voluble), el que es uno de mis libros favoritos hasta la fecha.

Todo en él es bonito, emotivo, tierno… Y gran parte de ese mérito recae en la personalidad del protagonista; el viejo e inolvidable Leo Gursky. En sus “sin embargo”, en sus “peros”, en sus ocurrencias y excentricidades que te dibujan una sonrisa en los labios de principio a fin.

Para mí es un libro lleno de sentimientos y de las mil formas que éstos pueden adoptar. Porque el amor no tiene una variante exclusiva… La habilidad de la autora para entrelazar personajes e historias desorienta tanto como atrapa, ya que se trata de una trama estructurada de manera sobresaliente. Un puzzle que encaja de forma bellísima al final.

El comensal, de Gabriela Ybarra

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Leí este libro por recomendación de mi amiga Marina, ya que el buen criterio de su blog no defrauda jamás. Y, efectivamente, en menos de una semana me lo había zampado con patatas.

La manera de escribir de Gabriela Ybarra impacta desde el minuto uno; es sincera, directa, clara. No se ahorra detalles, no engalana palabras. Ni una sola nota cursi, ni la más mínima señal de autocompasión o rabia a pesar de narrar la muerte de su madre y el asesinato de su abuelo a manos de ETA.

Es un libro que no creo que pueda dejar indiferente a nadie, que te remueve por dentro sí o sí. Que te enfrenta al sentido de la realidad, de la enfermedad, de la libertad y de la muerte sin pretensiones.  Y precisamente es la ausencia de éstas las que te permiten tu propia reflexión.

La introspección que acompaña su lectura me transportaba continuamente a mis primeras clases en la universidad, y a los dos escoltas que custodiaban el aula mientras Jose María Calleja, amenazado de muerte por la banda terrorista, nos daba nuestras primeras lecciones de periodismo y nos contaba cómo cambiaba su rutina a diario.

Las páginas  de Ybarra dedicadas a su madre, traían a mi cabeza aquellos largos e irreales días en los que uno se tiene que despedir a la fuerza de su ser más querido en un hospital.

Los políglotas, William Gerhardie

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Con la que ha sido mi sorpresa literaria del 2015 cambian las tornas completamente. Un libro que ha resultado ser como el vecino con el que cruzas breves saludos durante años hasta que un día entabláis conversación en el ascensor y descubres que es la mar de simpático.

Y es que Los políglotas daba vueltas por mi casa desde principios del año pasado y las breves incursiones que en él hacía no terminaban de engancharme. Hasta que llegó el momento en el que traspasé el capítulo tres y empecé a cogerle el punto a los fantásticos personajes.

Son ellos la clave fundamental de una novela en la  que no sucede nada, en el sentido de que no hay una intriga o trama elaborada. Lo único que pasa es la vida de unos personajes, trazados con maestría, contada a través de Georges Hamlet Alexander Diabologh, el “intelectual y apuestísimo” protagonista. Una suerte de Downton Abbey que, como la serie, es para disfrutar con calma, sin prisas. Para deleitarse en conversaciones de un ridículo exquisito. En personalidades tan brillantes como inútiles, en reflexiones a veces tan absurdas como lúcidas. Porque el finísimo humor y sarcasmo que desprende toda la obra es de los que deja muy buen sabor de boca.

Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End, de Paula Bonet

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Este es otro ejemplar de esos para incluir en la categoría de alegrías visuales de la estantería. A pesar del fenómeno viral en el que se han convertido los geniales trazos de esta ilustradora valenciana, no conocía el trabajo de Bonet hasta que mi amiga Ruth me regaló este libro. Una bonita combinación de citas, música, imagen y texto.

Algunas de sus historias están demasiado pinceladas con clichés de corazones rotos, con esas situaciones típicas de los amoríos fracasados. Pero desde luego el conjunto, sobre todo a nivel ilustrado y tipográfico, resulta más que inspirador y algunos relatos sí que consiguen traspasarte. Un libro armónico para sumergirse de vez en cuando dentro de él y dejar a la imaginación volar entre sus dibujos.

 

Y hasta aquí algunos de los dispares libros que han marcado mi 2015, por si alguien quiere que formen parte de su 2016. ¿Más recomendaciones?, ¡soy toda oídos!

2 Comments

  1. “El comensal”, le tengo unas ganitas…
    Lo tengo encargado desde hace una semana en una librería de aquí pero no llega :-(
    He empezado el año con “Instrumental”.
    Apunto tus recomendaciones.
    Un besito.

    1. Qué alegría verte por aquí, Sole!
      El comensal te atrapará en cuanto lo empieces. E Instrumental lo tengo también en la lista de próximas lecturas, aunque antes tengo que darle una segunda oportunidad a Sheila Levine… 😉 Un abrazo!

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